LA TELEVISIÓN Y SUS EFECTOS

Escrito por wolfganggonzalezb 02-05-2007 en General. Comentarios (11)

Por

Wolfgang González Beluche

Comunicador Radiofónico, Periodista y

Catedrático Universitario

wolfnost@gmail.com

 

*Publicado en el portal informativo noti-news.com,

el 29 de septiembre de 2006 y en la edición n° 274

(del 1-31 de sept. de 2006) del mensuario "La Voz del Darién".

 

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La palabra "televisión" proviene de la voz griega "Tele" que significa distancia y la latina "visio" que proviene de visión. El término televisión se refiere a todos los aspectos de transmisión y programación de televisión. A veces se abrevia como TV y fue acuñado por el físico Ruso Constantin Persky, en el Congreso Internacional de Electricidad de París de 1900, para denominar la emisión de imágenes a distancia.

Pero conozcamos todo aquello que podríamos calificar como un desconocido hábitat, de la que muchos entendidos en la materia califican como “la caja que congela”, “la caja que idiotiza”, “el cajón con luz” y muchos otros motes que dejan entrever, cúmulo de verdades que solo conocen las y los emisores del mensaje, a través de “la pantalla chica”.

Desde hace más de dos (2) siglos, el hombre destinado a las investigaciones a través de la comunicación, supo aplicarse a su propia realidad, para ir tecnificando lo que Marshall McLuhan denomino “la aldea o cabaña global”. Uno de los aspectos que causó furor ( y que todavía lo hace) por parte de los estudiosos en lo que a este espacio destacamos, fueron los efectos causados por los mensajes percibidos o receptados, ya que los medios de comunicación siempre han proporcionado el espacio ideal para este tipo de análisis.

Ya en el pasado siglo (Siglo XX), se establecen grandes escenarios que nos permiten constatar los efectos en las actitudes de las personas, que con el paso del reloj, obtuvieron la denominación de Medios Masivos de Comunicación. Uno de los ejemplos mayormente recordados a través de la historia, fue lo acontecido una noche del 31 de octubre de 1938, en los Estados Unidos de América, donde un reconocido y dedicado profesional de la actuación, producción y dirección de la época, Orson Welles, llevó al micrófono de la Columbia Broadcasting  System (CBS), la versión radiada de la novela “La Guerra de los Mundos”, del reconocido escritor inglés Herbert Jorge Wells. El señor Orson Welles, utilizó la radio, para transmitir la información a los oyentes (que fueron más de los que esperaba), sobre el arribo a Nueva Jersey, de una supuesta invasión marciana, la pretendía el socavar la especie humana. Este “simulacro”, trajo un sinnúmero tristes resultados, como la violencia y el caos, penosas circunstancias de magnitudes desagradables.

Una simple transmisión de radio evidenció la vulnerabilidad de una nación completa ante el pánico. Las expectativas o temores públicos, moldearon una realidad inexistente. El auditorio construyó una catástrofe en su cabeza, influyendo así en sus acciones. Pero a todo esto, las responsabilidades ¿qué?

Esto solo fue a través del oído, pero qué sucede si unificamos al anterior el sentido de la vista. Pues todo va a depender de la intencionalidad inmersa en el dato que se nos envía.

Hoy la televisión nos ofrece segundo a segundo, lo conocido técnicamente como programación, en ella se pautan de forma diaria, todas las producciones que serán transmitidas, claro, previamente definidas para un auditorio en específico.

Pero este aparato (la TV), ha dejado de ser un simple avance tecnológico, para transformarse en un “desmedido monstruo manipulador de voluntades”, digamos de una forma no tan alarmista, “un cautivador de nuestras actitudes”. Esto lo percibimos segundo a segundo, donde los denominados programas, los cuales son transmitidos en horarios estratégicamente escogidos, en apego al previo estudio de audiencias, que cada uno de estos canales desarrollan de forma constante. En apego a la verdad, el motor que impulsa todas estas maquinaciones son los intereses, quienes nos permiten conocernos mucho mejor.

Múltiples estudios nos demuestran la realidad de los efectos televisivos, en 1977, la Universidad de Panamá, a través del Instituto de Criminología de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, publicó una obra titulada “Violencia y Agresividad en la TV de Panamá”. El documento nos presenta una muy clara idea de lo acontecido a través del medio “televisión” durante esa década, pero los aportes científicos son los valederos y nos hace saber, que la investigación demostró la existencia de violencia o agresividad en los programas que en ese entonces eran televisados en nuestro país, independientemente de la tipología, ya fueran policíacos, telenovelas y hasta los entretenidos dibujos animados (cómicas).

Como lo plasma parte de la investigación citada líneas arriba “Específicamente se deseaba explorar la relación entre el grado de agresividad/violencia de los personajes con los cuales se identifican individuos de distintos estatus económicos”. Este fenómeno hasta la fecha continúa y con más claridad, pues la comunicación es un proceso que como tal jamás concluye, pero sí puede ser alterado. Pero reiteramos la interpelación que jamás debe faltar en nuestra conciencia ¿qué hacemos al respecto?... no nos queda otra salida que unirnos y exigir calidad de todo aquello que emana fríamente de la pantalla, de lo contrario, las reacciones continuaran y no para mejorar.

 A pesar de todo este horizonte obnubilado, el pensador italiano Giovanni Sartori, en torno a nuestro preocupante tema nos dice: “La televisión beneficia y perjudica, ayuda y hace daño. No debe ser exaltada en bloque, pero tampoco puede ser condenada indiscriminadamente”.