FUNDAMENTO LEGAL EN EL PERIODISMO NACIONAL

Escrito por wolfganggonzalezb 17-05-2007 en General. Comentarios (1)
Por
Wolfgang González Beluche
Comunicador Radiofónico, Periodista y
Catedrático Universitario
 
* Publicado en la sección Usted Decide (pág. A9)
del diario El Panamá-América, del 15 de noviembre de 2005
(título original "El Periodismo, un compromiso")
y en la sección de variedades del diario La Estrella de Panamá,
del 13 de noviembre de 2005, con el título original.

Cada año, al profesional del periodismo se le recuerda durante el mes de la patria. Esto acontece, a partir de que el " Bardo del Istmo", Gaspar Octavio Hernández, concluye su calendario terreno.

SERÍA oportuno explicar que periodista es todo hombre o mujer que estudió periodismo, que modeló ese talento hacia todas las ciencias del saber, para transformarse en un cultor social, dentro de un perfil que ya existe y que sólo desvaloran aquellos que les encanta la línea del menor esfuerzo.

No podemos permitir que con la intención de romper paradigmas, se tome la excusa de atentar contra los sólidos principios de nuestra noble carrera, para complacer a los lanzados de siempre, los que acostumbrados a lo inapropiado, se toman por asalto la profesión.

El periodista, para denominarse como tal, tiene que cumplir con una serie de requisitos, entre los cuales jamás se puede omitir lo académico, pues el diploma es un elemento básico o elemental, que deja sentado el debido cumplimiento de una serie de tareas que propugnan en el desarrollo de esa mente que se modela en los claustros universitarios, en pos de la luz que siempre hace referencia en sus enseñanzas el maestro Octavio Méndez Pereira.

Con la derogación de "parte" de las leyes 67 y 68 de 1978, decimos esto, pues los que nunca faltan se oponían a todo, al punto que no se percataron que la celebración del 13 de noviembre se le concedía vida a través de la normativa que adveraban de forma iracunda, a tal punto de ebullición, que las bautizaron con el mote de "leyes mordaza" (éstas y las que versan sobre la calumnia y la injuria). Siempre alegaron que su existir atentaba contra la libertad de expresión, el derecho a la información y al libre ejercicio del periodismo.

Siendo un profesional de las Ciencias Sociales, convencido de la loable labor que desarrollamos a diario, quienes nos hemos preparado con grandes sacrificios para ejercerla dentro de una sociedad que de forma continua clama por la equidad, por darle a cada uno lo que le corresponde, o sea ¡JUSTICIA!, no podemos permitir que sean interpuestos subterfugios legales para enturbiar el sacro proceso de la comunicación. Pero así como existe una de cal, también aparece la de arena, pues debe existir una normativa que no sólo castigue lo impropio, sino que proteja a todos y todas, brindando ese fundamento de derecho que ahora ya no existe, pues las leyes arriba mencionadas fueron derogadas por el Ejecutivo (comentario que realizamos con respeto). Ahora ¡sí! estamos desprotegidos (as).

Qué hacer sin un fundamento de derecho que nos rija, sin un organismo colegiado que nos reconozca la denominada idoneidad, que no es otra cosa que un documento expedido por una instancia respectiva, en donde consta que cumplimos con las exigencias académicas y que, por ende, estamos calificados para ejercer. A donde se atenta contra la libertad de expresión, a donde se lacera la libertad de información o el ejercicio del periodismo, pues estas tres cosas tan aburridamente reiteradas sin fundamento, amparadas bajo un ridículo paraguas circense ya gastado por el desuso que dice: "La mejor ley de prensa es la que no existe...", no dice, no hace y no deja hacer. Es el momento oportuno para dejar bien en claro la mala interpretación de estos conceptos, que se han extraviado en "la dimensión desconocida", mediante interpretaciones baladíes o acomodaticias, que dejan un "amargo sabor de boca" a los millones de terrestres que pueblan nuestros linderos.

De acuerdo a "Derechos Humanos" (Human Rights), libertad de expresión es el derecho a la libre expresión; es uno de los más fundamentales, ya que es esencial a la lucha para el respeto y promoción de todos los derechos humanos. Sin la habilidad de opinar libremente, de denunciar injusticias y clamar cambios, el hombre está condenado a la opresión.

Sobre el derecho a la información, podemos interpretarlo como lo que se nos permite percibir a cerca del estado general de nuestra sociedad o de algo que de ella forma parte. Necesitamos información sobre lo que respiramos, lo que comemos, lo que usamos, lo que tiramos. Esto nos permite conocer los factores que intervienen en nuestra calidad de vida, ayudándonos a preservar nuestra comunidad.

El libre ejercicio del periodismo no es otra cosa que el libre ejercicio de la profesión, sin restricciones, ni nada que obnubile la trayectoria del acontecimiento, desde que es captado por el profesional, hasta el momento en que se elabora la información que será ofrecida a la gran masa interactiva que solemos denominar sociedad. Oportuno también es, que se aclare, que libertad de expresión, no es ni puede ser libertinaje expresivo, pues estaríamos aupando las contraculturas, "monstruos estertores" que nos atormentan cada segundo, cuando nos avocamos a los excesos ilimitados. ¡Cuidado!, esto es lo que no podemos permitir.

Posterior a este viaje a través de las interpretaciones que nos permite en su magnificencia el "Idioma de Cervantes", preguntamos a ustedes ¡oh tímidos lectores!, en qué momento contravenimos el espíritu de estos principios... ¡nunca!, si es que lo vemos desde un prisma completamente objetivo. Entonces manos a la obra, pues desdicha para nosotros es el no contar con una norma que simple y sencillo nos dé vida jurídica, nos plantee y permita defender nuestros deberes y derechos, resaltando técnicamente, un código de ética o una cláusula de conciencia, entre otras cosillas más, que no dejan de perturbarle los sueños y la digestión a algunos que a diario se empeñan por arrebatarle el papel al "Rey de los Mimos" Marcel Marceau, mediante una burda y decadente imitación de su talento.

El Día del Periodista es sólo uno de 365 días del año, en donde este labrador de los surcos sociales, empuñando sus herramientas de trabajo, hace patria al cumplir con su misión forjadora de ideas, pero aclaramos... es una lucha constante, pues como declara aquel muy trillado refrán que dice: "la gota de agua orada la roca", comprendiendo, que la persistencia por un ideal a la larga genera frutos. Esto nos permite llegar a lo anhelado, a la meta, al triunfo y es lo que nos espera, no sabemos si hoy o mañana; pero el momento exacto dependerá de nosotros, cuando nos percatemos que la unión hace la fuerza.

Saludos a las y los colegas conscientes de su espacio, de su función histórica y sus capacidades, pues perdonando las comparaciones (ya que en la mayoría de los casos suelen ser odiosas), así como los bibliotecólogos, enfermeras, contadores, relacionistas públicos, maestros, médicos y hasta abogados, poseen su fundamento legal que los protege, los periodistas no podemos permitir el continuar más allá del último puesto.